El número de relaciones alcanza su máximo hacia los veinticinco
Los datos de telefonía móvil han permitido trazar una curva que las encuestas declarativas sugerían sin demostrar. Su forma es más regular de lo esperado.
Qué muestran los datos de contacto
Un análisis publicado en 2016 por Kunal Bhattacharya, Asim Ghosh, Daniel Monsivais, Robin Dunbar y Kimmo Kaski aprovecha registros de llamadas de varios millones de abonados, lo que permite seguir el número de contactos distintos por edad.
La curva sube hasta un máximo situado a comienzos de la veintena y después decrece de forma regular a lo largo de varias décadas, forma encontrada en ambos sexos con un desfase de algunos años.
Estos datos tienen una ventaja que las encuestas no tienen: registran lo que ocurre, sin pasar por la memoria ni por la imagen que cada uno quiere dar de sí mismo. Tienen el inconveniente simétrico de no saber nada del sentido que las personas dan a esos intercambios.
Qué no dicen esos datos
Una llamada no es una relación. El número de contactos telefónicos distintos mide una actividad y es sensible a los usos del soporte, que varían mucho según la edad y el periodo. Una llamada al fontanero cuenta tanto como una llamada a un amigo de hace treinta años.
El auge de la mensajería ha desplazado parte del tráfico fuera de la red telefónica clásica, lo que dificulta la comparación de series largas y podría exagerar la caída medida en las edades altas.
La concordancia con las encuestas
Las encuestas declarativas encuentran la misma forma general: un máximo al inicio de la edad adulta y después un descenso. El metaanálisis de Cornelia Wrzus y sus colegas, publicado en 2013, llega a esa forma para la red global. Los niveles difieren según el instrumento, pero la forma es estable.
Esa convergencia entre dos fuentes con sesgos independientes es el argumento más sólido a favor del resultado, más que cualquiera de las fuentes por separado. El mismo metaanálisis señala, sin embargo, que algunos círculos, como el de la familia, se mantienen estables mucho más tiempo.
Las explicaciones propuestas
Coexisten dos familias de explicaciones. La primera es estructural: los contextos de encuentro escasean, y las cargas profesionales y familiares reducen el tiempo disponible.
La segunda es motivacional: la teoría de la selectividad socioemocional, formulada por Laura Carstensen, propone que percibir un horizonte temporal más corto lleva a concentrar los intercambios en las relaciones más significativas. En esta lectura, la caída del número no significa un empobrecimiento sino una reorganización.
Cómo distinguirlas
Los trabajos que manipulan experimentalmente la percepción del horizonte temporal encuentran efectos compatibles con la segunda hipótesis, en medidas de preferencia declarada. Los adultos jóvenes a quienes se pide que imaginen una partida próxima eligen con más frecuencia, como las personas mayores, la compañía de un allegado antes que la de un desconocido.
Los dos mecanismos no se excluyen y producen la misma curva. Distinguirlos supone observar a personas cuyas restricciones cambian sin que cambie la edad, cosa que pocos dispositivos permiten.
Para recordar
Los registros de llamadas sitúan el máximo de contactos distintos a comienzos de la veintena.
Un contacto telefónico no es una relación, y los usos del soporte varían con la edad.
La explicación estructural y la motivacional producen la misma curva.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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