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El vínculo

Qué mide los celos

Se los trata como un defecto de carácter o como una prueba de amor. Son sobre todo una señal, y descifrarla supone separar lo que se observa de lo que se concluye.

Por J. Carel, Apego y vínculos duraderosPublicado el 2 min

Dos lecturas igual de perezosas

La primera hace de los celos una prueba de apego: quien no es celoso no querría de verdad. La segunda hace de ellos un defecto que corregir, el síntoma de una falta de confianza en uno mismo. Ambas tienen en común atribuir a la persona lo que corresponde a una situación.

Ni una ni otra resisten la observación. Personas muy apegadas casi nunca sienten celos, y personas que sienten muchos en una relación no los sienten en la siguiente.

Una señal, tres causas posibles

Los celos pueden señalar un hecho: algo ha cambiado realmente y la atención se desplaza. Pueden señalar una inseguridad propia, independiente de la relación en curso y a menudo heredada de otra. Pueden, por último, señalar una necesidad no satisfecha, donde lo que molesta no es lo que el otro hace fuera sino lo que ya no hace aquí.

Las tres producen exactamente la misma sensación, y ahí está el núcleo del problema. Ninguna introspección permite distinguirlas por su intensidad, y por eso la pregunta de si uno tiene razón al sentir celos está mal planteada.

Separar el hecho de la interpretación

La única operación útil consiste en enunciar por separado lo que se ha observado y lo que se ha deducido. Pasó la noche con compañeros de trabajo es una observación. Prefiere su compañía a la mía es una conclusión, y exige una comprobación que la primera no requiere.

La distancia entre ambas es casi siempre mayor de lo que se cree, y rara vez se cierra sola. Formulada como observación, la frase se vuelve admisible; formulada como conclusión, llama a una defensa, lo que interrumpe la conversación.

La confianza no es desatención

Conceder la confianza se confunde a menudo con no darse cuenta de nada. Son dos cosas distintas: se puede advertir un cambio, decirlo y seguir dando crédito. Es incluso la única combinación practicable a largo plazo.

Lo contrario, la vigilancia permanente, produce un efecto documentado por los trabajos sobre el conflicto: la persona vigilada se siente obligada a justificarse sin cesar, lo que alimenta exactamente el repliegue que la vigilancia quería prevenir.

Lo que no son celos

Hay que distinguir un sentimiento de un comportamiento. Sentir inquietud es una experiencia corriente. Controlar los desplazamientos, los mensajes o las amistades de otra persona es otra cosa, y el derecho se ha ocupado de ello: la ley francesa del 30 de julio de 2020 creó un delito de geolocalización de una persona sin su consentimiento por parte de una pareja o expareja.

Ese límite merece plantearse en un artículo que describe un sentimiento corriente, precisamente porque la banalidad del sentimiento sirve a veces para justificar conductas que nada tienen ya de corrientes.

Para recordar

Los celos no son ni una prueba de apego ni un defecto de carácter: son una señal cuya causa queda por determinar.

Tres causas muy distintas producen la misma sensación, lo que vuelve inoperante la sola introspección.

Confiar no es no darse cuenta de nada, y un sentimiento corriente no justifica una conducta de control, que el derecho sanciona.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

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