Creer que se entiende: la ilusión de profundidad explicativa en política
A menudo tenemos la sensación de entender una política pública, hasta el momento en que se nos pide explicar su funcionamiento. Esa brecha se ha medido, y afecta a las propias opiniones.
Saber que, creer saber cómo
Leonid Rozenblit y Frank Keil publicaron en 2002 una serie de experimentos que se han vuelto clásicos. Los participantes evaluaban su comprensión de objetos corrientes, como una cremallera o una cisterna de inodoro, y luego debían explicar su funcionamiento paso a paso.
Tras el ejercicio, revisaban claramente a la baja su estimación. La sensación de comprender descansaba en la familiaridad con el objeto, no en el conocimiento de su mecanismo. Los autores llamaron a ese desfase ilusión de profundidad explicativa.
El experimento trasladado a las políticas públicas
En 2013, Philip Fernbach, Todd Rogers, Craig Fox y Steven Sloman aplicaron el mismo protocolo a medidas políticas. Los participantes debían explicar cómo una política produciría sus efectos, y no por qué la apoyaban o la rechazaban.
En sus resultados, explicar el mecanismo reducía la sensación de comprensión y volvía las posiciones menos tajantes. Pedir simplemente las razones de la propia opinión no producía ese efecto, ya que equivale a movilizar argumentos ya disponibles.
Por qué la ilusión resulta tan cómoda
Steven Sloman y Philip Fernbach desarrollaron la idea en The Knowledge Illusion, en 2017. Nadie domina por sí solo el funcionamiento de una sociedad: nos apoyamos en conocimientos repartidos entre expertos, instituciones y allegados, y confundimos fácilmente su saber con el nuestro.
Esa división del trabajo cognitivo es indispensable, no vergonzosa. El problema surge cuando se hace olvidar y uno atribuye a su propia reflexión una seguridad que en realidad procede de su entorno o de una fuente de confianza.
Lo que el efecto no dice
La ilusión no señala falta de inteligencia: afecta a todo el mundo, sea cual sea el nivel de estudios o la orientación política. Tampoco prueba que una posición sea falsa, solo que la confianza que se le concede supera lo que se sabe.
Los intentos de replicación posteriores obtuvieron efectos más débiles o irregulares sobre la moderación de las posiciones. La disminución de la sensación de comprensión parece más robusta que su prolongación en la opinión, y se impone la prudencia antes de ver en ella un remedio contra la polarización.
Un ejercicio que proponerse
Elija una medida sobre la que tenga una opinión firme y describa por escrito, paso a paso, cómo produciría el efecto esperado. ¿Quién actúa, con qué medios, en qué plazo, y qué podría impedir el encadenamiento previsto?
Si la explicación se atasca enseguida, no es motivo para cambiar de opinión. Es un indicio sobre la naturaleza de su posición: quizá descanse en un valor o en la confianza depositada en otros, lo cual es legítimo siempre que se sepa.
Para un cuestionario, la consecuencia es útil. Los ítems que versan sobre principios recogen posiciones más sólidas que los que suponen conocer el detalle de un dispositivo, sobre el que muchos responden con más seguridad que conocimiento.
Para recordar
La sensación de comprender descansa a menudo en la familiaridad, no en el conocimiento del mecanismo.
Explicar un funcionamiento reduce esa seguridad, algo que no consigue enumerar las propias razones.
El efecto sobre la moderación de las opiniones es más frágil que el efecto sobre la comprensión percibida.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
Y usted, ¿dónde se sitúa?
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